17 Sep 2021

Cuba: los aprendizajes de la historia

Quien vive en Cuba por estos días o está al tanto de las noticias, puede encontrar puntos en común entre aquel 1994 y este 2021

(Foto: Escambray)

En Cuba, el escenario de la época de 1994 fue complejo: la caída del campo socialista en 1991 había eliminado más del 70% de ingresos de divisas al país, los “apagones” podían durar más de 12 horas, los alimentos escaseaban, el transporte público también…  Durante el verano de aquel año, además, era noticia los secuestros de embarcaciones en Cuba, una situación alentada desde Estados Unidos y que provocó tensiones en los municipios cercanos al puerto habanero. Pero ¿cómo se llegó a este contexto?

ACUERDOS MIGRATORIOS ENTRE CUBA Y ESTADOS UNIDOS

Hacia el año 1984 se estableció el Acuerdo de Normalización de Relaciones Migratorias entre Cuba y Estados Unidos. El gobierno norteamericano asumió las negociaciones con el interés particular de resolver el problema de los declarados “excluibles”, a quienes pretendía deportar a Cuba. El gobierno cubano, por su parte, admitió esta condición a cambio del compromiso de Estados Unidos de admitir hasta 20 mil inmigrantes legales anualmente (límite establecido por la ley migratoria de Estados Unidos para un solo país).

Los acuerdos fueron firmados bajo tensión, y al año siguiente, 1985, al ponerse en marcha la emisora Radio Martí por Estados Unidos, Cuba suspendió los acuerdos. Así, quedó interrumpida la emigración hasta 1987, cuando fueron reanudados. Es importante aclarar que los acuerdos sufrieron, además, la falta de voluntad del gobierno norteamericano, que no cumplió con las visas previstas, evidenciando su interés de estimular la emigración ilegal, un aspecto que no aceptaron contemplar en el entendimiento.

Fijaban un tope de visas pero no un mínimo de cantidad, excusa que utilizaron para limitarlas. La aplicación inflexible de los parámetros de selección y requerimientos estadounidenses, y las características de la emigración de este período, determinó que hasta el 80% de los solicitantes fueran rechazados. De esta forma, entre 1985 y 1990 pudieron emigrar 7428 personas de forma legal, de un tope posible de 16 mil emigrantes, según datos recogidos en el libro Cuba y los cubanoamericanos. El fenómeno migratorio cubano, de Jesús Arboleya Cervera.

A pesar de estas restricciones, no se evidenció incremento de salidas ilegales del país. Solo 1000 en el quinquenio, los números más bajos del período revolucionario, cifra que respondió, en gran medida, a los esfuerzos de Cuba por cumplir con su parte en los acuerdos.

Tras la caída del campo socialista, y la crisis económica se generó una nueva oleada de migraciones ilegales. Entre 1991 y julio de 1994, Estados Unidos recibió a 12 808 inmigrantes ilegales cubanos, mientras solo aceptó 3794 solicitudes de entrada legal. Una vez más, se apostaba por una emigración ilegal como mecanismo desestabilizador de la sociedad cubana.

Así mismo, desde el 9 de enero de 1992, cuando delincuentes armados intentaron robar una lancha de la base náutica de Tarará y asesinaron a un custodio, un guardafronteras y dos policías, hasta 1994, se produjeron 7 secuestros de aeronaves y 132 de embarcaciones.

El 13 de julio de 1994 fue secuestrado del puerto de La Habana el remolcador “13 de Marzo”, una embarcación solo apta para la navegación de corta distancia en aguas interiores. Cuatro tripulantes que observaron el robo se montaron en otros dos remolcadores e intentaron abortar la acción. Sin embargo, el oleaje provocó un choque accidental y el remolcador se hundió. Fallecieron 32 personas y otras 31 fueron rescatadas por embarcaciones de Tropas Guardafronteras. Días después, el 26 de julio y también el 3 y 4 de agosto, se secuestraron violentamente algunas lanchas de pasajeros en el puerto de La Habana. 

EL 5 DE AGOSTO DE 1994

El 5 de agosto de 1994, las emisoras radiales anticubanas, sobre todo Radio Martí, anunciaron que un grupo de barcos llegarían hasta la capital para recoger a personas interesadas a viajar por esa vía a Estados Unidos. Así, se movilizaron muchísimas frente al Malecón.

No obstante, las embarcaciones nunca llegaron y la molestia entre quienes llegaban comenzó a crecer. De un momento a otro, empezaron a tirar piedras contra las tiendas y ómnibus, a romper o atacar lo que se encontraran a su paso. En medio de ese escenario, un grupo de jóvenes se lanzó a las calles a encarar aquellas acciones violentas y actos vandálicos con una bandera cubana.

Luego llegó Fidel Castro con su escolta desarmada. El pueblo también se sumó a su paso, aplaudió, le contaban a su manera lo que estaba sucediendo, las piedras desaparecieron al igual que quienes golpeaban o provocaban con gritos. En su lugar comenzó a generarse un coro del que solo se escuchaba: Fidel, Fidel, Fidel…

Así, aquel 5 de agosto de 1994 marcó un punto importante en un escenario en el que Estados Unidos pretendía generar un ambiente de caos, descontrol y violencia, que terminara en una masacre para justificar la intervención militar. Sin embargo, en el archipiélago no se usaron armas. Ese día ganó el pueblo, triunfó Cuba.

LAS ENSEÑANZAS, MÁS DE 25 AÑOS DESPUÉS…

Quien vive en Cuba por estos días o está al tanto de las noticias, puede encontrar puntos en común entre aquella fecha de 1994 y el contexto actual, en el 2021. El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos se ha recrudecido en el último año, con afectaciones que transversalizan todos los sectores. Por si fuera poco, desde marzo de 2020, Cuba siente el impacto de la pandemia de la COVID-19, que ha situado al país en un escenario complejo.

Las consecuencias de estas y otras problemáticas derivadas, se han visto directamente en “apagones”, desabastecimiento de alimentos y medicamentos y también en la necesidad de crear tiendas con ventas en divisa, cuestiones estas que, a su vez, han provocado descontento en una parte de la población.

En medio de ese contexto, aprovechándose de las carencias que sufre el país, se han incrementado las campañas contra la Revolución cubana, alentadas desde Estados Unidos. Si bien hace 27 años fue la radio la principal vía para intentar sembrar el caos en Cuba, ahora son las redes sociales el catalizador. No obstante, el objetivo sigue siendo el mismo: intentar provocar una desestabilización interna y un escenario violento para justificar la intervención.

Todo esto desembocó en las revueltas del 11 de julio donde, tal y como aquel 5 de agosto de 1994, un grupo de personas rompieron vidrieras, tiraron piedras, apedrearon a fuerzas de la policía, volcaron carros. Un comportamiento vulgar, indecente y delincuente.

También como en aquella fecha, el pueblo salió a las calles a defender su soberanía y la independencia conquistada. Lo hizo también cuando se reunió en la Piragua para apoyar la Revolución, con la certeza de que existen muchísimas cosas por mejorar, cambiar y construir, pero que las soluciones están, precisamente, en ese mismo pueblo, que sabrá encontrarlas con las premisas del amor, la dignidad y el patriotismo. Lo hará hoy cuando autos, bicicletas y motos arranquen una caravana por el Malecón en defensa de la paz y la solidaridad, en ocasión además de conmemorarse el 27 Aniversario de la Victoria Popular sobre los disturbios de aquel agosto de 1994.

Y es que, en realidad, la soberanía y la libertad de este país se defiende diariamente: desde la ciencia, que ha sido capaz de crear vacunas contra la COVID-19 en contexto tan hostil, también desde la Zona Roja salvando vidas, desde la solidaridad, desde el surco labrando la tierra o en las aulas virtuales, desde donde se sea más útil y digno. Cuba sigue viva, y una vez más, vence.

Información de CUBAHORA.



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