
En las calles de Sancti Spíritus, los triciclos eléctricos han decidido mirar hacia arriba. Sobre sus techos, paneles solares de 500 watts capturan la luz del día y la convierten en kilómetros de recorrido. Lo que comenzó como una curiosidad en otras provincias, hoy se multiplica en la villa del Yayabo y despierta tanto sorpresa como simpatía.
Una moda que se expande
“Esto empezó a verse en las redes y ya hay muchos triciclos en la calle, hace como cinco meses. Yo llevo un mes y pico con el mío y he estado hasta diez días sin darle carga en la red eléctrica”, cuenta uno de los conductores, todavía en fase de experimentación. Para él, la ventaja más grande es clara: “No dependemos de la corriente, y con el déficit que hay, eso es oro.”El costo de instalación ronda entre 450 y 500 dólares, incluyendo panel, controlador solar y montaje. Aunque aún es temprano para medir el impacto económico, la independencia energética ya se siente como un alivio.
Kilómetros extra bajo el sol
Otro chofer recuerda cómo se decidió: “Lo vi en la calle y me animé. Busqué el panel, el regulador solar y lo instalamos con un electricista. Mayormente se usan paneles monocristalinos, que son más duros y resisten los baches.”La diferencia se nota en la carretera: “Si antes hacía 60 kilómetros, ahora puedo hacer 80, 90 o hasta 100. La ventaja es que, aunque falte corriente, lo saco desde la mañana y él va cargando. Mientras haya sol, seguimos rodando.”
Seguridad y cuidados mínimos
Los pasajeros, entre curiosos y sorprendidos, preguntan si el panel es seguro. La respuesta es inmediata: está bien asegurado, no emite calor y solo requiere limpieza periódica para mantener su eficiencia. “Lo que sí hay que cuidar es la moto: no coger baches violentos, porque el panel está arriba y todo debe ir seguro”, advierte uno de los choferes.
Ingenio espirituano
Aunque no todos los conductores tienen la posibilidad económica de instalarlo, la experiencia se expande y ya se habla de convertir los triciclos solares en símbolo de movilidad limpia y sostenible.
En palabras de un chofer: “Los pasajeros a veces ni se dan cuenta, pero cuando preguntan se sorprenden. Y tranquilos: el panel no tiene peligro, está bien asegurado.”
En Sancti Spíritus, el sol ya no solo calienta: también conduce. Y en medio de apagones y escasez, la creatividad de sus habitantes vuelve a demostrar que la innovación puede surgir en cualquier esquina.
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