
Y llegó sin que nadie se lo esperara: Miguel Díaz-Canel Bermúdez. La algarabía. La euforia. El parque Trillo se hizo más pequeño y la Revolución más grande.
La emoción no cabía en mi pecho y tenía que venir acá, prosiguió el mandatario mientras la muchedumbre se le agolpaba. “Algunos me aconsejaban que no viniera para que no se manipulara la espontaneidad de esta manifestación”.
Ustedes saben todo lo que nos han querido montar. Nos han montado un show mediático. Y esto es un grupo de suceso que seguro se seguirá repitiendo porque los planes contra la Revolución continúan. Creían que podían destruir la Revolución antes de terminar la administración Trump, pero se quedaron y siempre se quedarán con el deseo porque los jóvenes están en las calles y el pueblo cubano está en la calle y no admitimos injerencias”.
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