Salvavidas del transporte público (+fotos)

Aliviar el traslado de personas apelando a la parada de los carros estatales en los puntos de embarque de la geografía espirituana es otra vez prioridad en las carreteras por constituir la opción principal ante el déficit de combustible

Si no sales a pararlo, por conciencia son pocos los que lo hacen, hay que obligarlos, asegura Rafael Monteagudo , inspector desde 2003. (Fotos: Vicente Brito/Escambray)

Tal vez no sea tan exacto como el refrán: Al que no quiere caldo, se le dan tres tazas; pero a los choferes y funcionarios al timón de los carros estatales que no quieren parar a recoger coterráneos les pusieron delante los inspectores populares. Una medida con décadas de vida y vaivenes en su funcionamiento, que revive sus esencias ante el actual déficit del transporte público debido a las carencias de combustible y otros recursos y se convierte en el salvavidas de la transportación popular.

Desde la década del 90 del siglo pasado el punto de embarque siempre ha estado ahí, a la salida de los pueblos; primero con inspectores vestidos de amarillo, ahora de azul, y un mismo fin: obligar a parar a los vehículos para recoger personas según la capacidad y el destino.

Siguiendo indicaciones de la más alta dirección del país, desde la semana anterior se reforzaron las medidas que pueden contribuir a la transportación, con lo cual el punto de embarque, más que en alternativa, se convierte en la opción principal para la movilidad de la población.

Escambray tomó la temperatura de ese servicio días atrás —30 de junio y 4 de julio—, y puso oídos a criterios tan diversos como justos, tan individuales como útiles; pero todos reveladores de una realidad incuestionable: el somatón popular nunca verá con buenos ojos que el cubano de a pie sea un pasajero invisible para el carro estatal.

En la provincia funcionan 26 puntos de embarque para apoyar el traslado de pasajeros.

OBLIGATORIO PARAR

En hora buena llegó el más reciente llamado para recuperar el respeto que merece el punto de embarque, porque ni la larga vida de tres décadas ha bastado para crear conciencia, cuando se suponía que en virtud de la experiencia y la necesidad hubiese un poco más de solidaridad entre cubanos. Penosamente no es tan así y un nuevo ultimátum intenta poner orden en ese sistema de transportación pública.

Rafael Monteagudo González, inspector desde el 2003 y secretario del núcleo del Partido de ese cuerpo de trabajadores en Sancti Spíritus, es una voz autorizada en el punto de embarque de la salida hacia Trinidad. “Si no sales a pararlo, por conciencia son pocos los que lo hacen, hay que obligarlos; pero hace un mes no paraban casi, solo algunos; cuando esto se llena no imaginas la presión que nos cae arriba, la gente necesita moverse, es duro que pase un carro estatal con capacidad y no recoja aunque sea un pasajero”.

Si algo necesita el inspector popular es un curso para descifrar el lenguaje de señas de los choferes, sobre todo esas que indican que van más adelante; una moda que ni con los cuatro o cinco funcionarios de Transporte que apoyan en cada lugar se logra atajar.

“Los carros ligeros no tienen hoja de ruta, entonces no tenemos otra opción que creer en la palabra del chofer; oiga, si todos los que me han dicho esta mañana que van para La Sierrita —base logística de la Agricultura— fuera verdad, le aseguro que no caben en ese lugar, sé que muchos siguen camino, pero nos mienten y eso es tan grave como no parar”, detalló Monteagudo González.

Celina Maró Espondo intenta llegar a Guasimal, luego de una noche de guardia —trabaja como Esprot— en la emisora provincial; suda, tiene la cara tostada por el sol y está atenta a cualquier oportunidad. “Los carros paran, lo que dicen que van para ahí alante; mira, no es parar para quedar bien con el inspector, lo que hace falta es que recojan de verdad; no creo que esa cantidad de carros vaya para allí. Reforzar las medidas en el punto no quiere decir que se resolvió el problema, soy pasajera de la carretera cada dos días, sé lo que estoy diciendo, siempre paso trabajo para llegar a Guasimal”.

La enfermera Mailén Orellana Hernández trabaja en el Hospital Pediátrico José Martí Pérez en Sancti Spíritus, un trayecto que cubre cada dos días. “Unas veces me voy rápido; otras, no, la suerte es el inspector que me ayuda a viajar; salí de la guardia a las siete de la mañana, todavía no sé a qué hora llegaré a Banao; los carros paran, pero han recogido poco, parece que hay una reunión más alante…”.

Escambray vivió la espera de alguien que parara en el punto por su propia decisión. Por suerte apareció el ejemplo positivo, José Moreira Álvarez, chofer de un microbús de la Salud, en Sancti Spíritus. “No me molesta parar ni hace falta que el inspector me obligue, es un deber, por la situación del combustible, del transporte; ando con un grupo de médicos, pero hay capacidad para dos pasajeros y los llevo también”.

Inspectores y funcionarios del Transporte alertan que no se trata solo de parar, la esencia es recoger personas.

EL PUNTO DESESPERA

En los dos puntos situados en los alrededores de la Terminal Intermunicipal se proyecta la misma película. El inspector Pedro Mirabal Simanca reconoce que por estos días ha mejorado la recogida de pasajeros y son más los que están parando. “Siempre hay algunos que tiran su patinazo y siguen, pero reportamos la chapa; aquí lo común es que te dicen que van a echar combustible en el Cupet Yayabo, figúrate, eso no lo sé; tendría que haber otro inspector o policía después del Cupet, y regresar al que mienta”.

Escambray llenó la grabadora de opiniones: “Voy con el carro lleno, pero paré para informarlo al inspector” (Yoandi González Cancio, de la ENIA). “Voy para Jatibonico, llevo casi una hora; sí, está el inspector, pero casi todos los carros van para el Cupet, si fuera verdad la cola ya hubiera llegado aquí” (Yoel Fábregas Noguera, Universidad de Sancti Spíritus). “Los choferes debían crear la conciencia y decir: ‘No tengo que parar porque me obligan, es porque voy a recoger al pueblo que viene para aquí con la esperanza de viajar’” (Yanet Oquendo Martín, inspectora, Dirección Provincial de Transporte).

A juzgar por la realidad y los reiterados criterios, si se quiere acabar de cerrar filas y rescatar el respeto que merecen la población y el punto de embarque, no habrá acciones más efectivas que divulgar las medidas —si es que se aplican— con los que se niegan a las recogidas, así como situar otros dispositivos de inspección a la salidas de las ciudades.

En ello coincide Lázaro Espinosa Reyes, funcionario de la Unidad Estatal de Tráfico Provincial. “Aun con el refuerzo del punto no todos paran, tenemos problemas todavía, por eso es tan necesario ese otro punto a la salida para desmentir a los que nos engañan diciendo una cosa y hacen otra; el que anda en un carro estatal y a estas alturas no ha interiorizado el llamado del Presidente de ayudar a la población lleva medidas disciplinarias”.

De un parque de casi 50 camiones con licencias para brindar ese servicio, hasta el lunes 4 de julio se reportaban incorporados 31. (Foto: Carlos Hernandez Roque/ DPT)

UTILIZAR MÁS OTRAS ALTERNATIVAS

Quien piense que sobre los puntos de embarque todo está dicho y hecho se queda a mitad de camino; quien crea que se utilizan bien todas las alternativas posibles para mejorar la transportación popular le falta vivir la carretera como pasajero.

Es cierto que de un parque de casi 50 camiones con licencias para brindar ese servicio, hasta el lunes 4 de julio se reportaban incorporados 31; Un soporte que mucho puede contribuir a la movilidad de las personas, a partir de que se les garantiza el combustible para que cubra rutas con horarios y a través de la Terminal. El mecanismo marcha y está en proceso de engrase.

Quien quiera encontrar fisuras alrededor del punto de embarque y descubrir capacidades que se desaprovechan lléguese al de la carretera hacia Yaguajay e intercambie con Marlenis Vega Tamayo, la inspectora. “Aquí siempre han parado los choferes del central Tuinucú; los de Yaguajay son más indisciplinados y a la velocidad que pasan tampoco podemos ver la capacidad ni cogerles la chapa. Pero los choferes de las guaguas de la Empresa de Transporte Escolares de la base de Jarahueca son los que más mal se portan, por las tardes no paran, llevan pasajeros y también capacidades vacías; ¿cuando estoy sola en el punto?, es como si estuviera pintada en la pared”.

Un soporte estatal que tradicionalmente ha cabeceado con la recogida popular es el llamado transporte obrero; sin embargo, hay reservas por utilizar, según lo suscribe Primitivo Hernández Veloz, funcionario del sector en el municipio espirituano: “La Resolución No. 435 del Ministerio de Transporte rige el funcionamiento del transporte obrero y lo que hay que hacer cuando tienen alcancía; eso hoy está mal. En la Dirección Municipal de Transporte hay un levantamiento de más de 60 carros de este tipo y solo tenemos dos contratos que están tributando a partir del uso de la alcancía. Sería muy valioso que ese dispositivo ayude de alguna manera a la transportación del pueblo”.

Aunque no está de más recordar que, por ejemplo, la ruta Sancti Spíritus-Cabaiguán tenía años atrás 11 salidas y ahora cuenta con solo tres; basta amanecer en cualquier carretera o parada para apreciar las necesidades del transporte, de ahí lo indispensable de la recogida de personas por los medios estatales. Una medida que revela impactos, pero a la que no le pega el conformismo ni el descontrol, al menos mientras funcione a fuerza de la obligatoriedad ante la falta de la parada a conciencia.

Información de Escambray.

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